¿Por qué tenemos miedo a arriesgarnos? Cuando somos niños tenemos la capacidad de no pensar las cosas antes de hacerlas, simplemente las hacemos. Sin embargo cuando crecemos nos lo pensamos una y otra (y otra, y otra) vez…

Miedo. Esta es la razón de por qué no nos arriesgamos más y tendemos a pensar las consecuencias negativas, más que los beneficios que nos va a aportar, antes de poner en marcha nuestro nuevo proyecto.

Cuando tenemos miedo, una señal de peligro llega al cerebro mediante dos vías. Una de ellas larga, de manera consciente y racional. Esta vía analiza la información de forma lenta. Y la otra vía va automáticamente de forma inconsciente a la parte del cerebro más emocional. El miedo no te debe paralizar. Así que se trata de analizar la situación y aplicar unos sencillos pasos que nos ayudarán a superar, poco a poco, nuestro miedo.

  • El miedo es una emoción primitiva. El cerebro se pone en alerta cuando se enfrenta a una situación que considera de peligro para nuestra supervivencia. Por ello, tenemos que crear entornos y situaciones que nos permitan desconectar la alerta constante del cerebro emocional.
  • Olvidar las malas experiencias pasadas, bueno, más que olvidar se trata de aprender de ellas. Ya nos hemos arriesgado, y no ha salido bien. Hemos fracasado. ¿Pero sabemos qué ha fallado? Si no lo sabes es hora de que eches el tiempo atrás y analices qué hiciste mal y por qué no salió adelante. Cuando sepas los motivos será mucho más fácil tener en cuenta estos fallos para que no vuelvan a ocurrir.
  • Ten un Plan B. Puede que no hayas tenido en cuenta algún factor que no te permita sacar adelante el proyecto tal y como tú querías. Pero eso no significa que ya esté todo perdido, simplemente busca una alternativa y sigue peleando por él.
  • Ten en cuenta tus éxitos. Igual que analizamos las consecuencias negativas si nuestro plan no saliera bien, debemos tener en cuenta los éxitos que podemos conseguir. Estos éxitos que perseguimos nos darán fuerza para luchar contra viento y marea por nuestro proyecto. Hay que tenerlos en cuenta siempre, y más cuando nuestras fuerzas empiezan a flaquear.
  • Confiar en ti. Nunca hay que tomarse los fracasos como algo personal. Quien no arriesga no gana, y si no arriesgas, directamente ya has fracasado. Si has llegado hasta aquí tú solo, eres lo suficientemente fuerte y capaz como para seguir adelante, ¿vas a tirar la toalla llegados a este punto?.
  • Vivir el presente. Tener demasiado en cuenta el pasado (o los fracasos) o pensar constantemente en el futuro (o en las consecuencias) nos provoca una situación de estrés que no nos permitirá ver la realidad tal y como es. Al igual que el miedo, el estrés nos bloquea y nos paraliza. Evitar el estrés viviendo el presente, disfrutar del momento, nos ayudará a elegir nuestra suerte, a luchar con más fuerza y no rendirse. Aprende a disfrutar de las pequeñas cosas.
  • Ponte objetivos. Las cosas no llegan de la noche a la mañana. Todo esfuerzo tiene su recompensa, sí, pero no llega de golpe. Como se suele decir, despacio y con buena letra. Si te fijas objetivos (han de ser reales y medibles), descubrirás si lo estás haciendo bien y  si estás avanzando o si por el contrario no funciona como esperabas y tienes que hacer cambios.

Arriesgarse es como enamorarse. Puede que la primera vez que te enamores lo hagas con tanta pasión y tanta locura que te alejes de la realidad, y fracases. La segunda, serás más realista, puede que salga bien o mal, quizá no sea lo que te esperabas y por mucho que cambies las cosas no funciona. La siguiente, habrás aprendido, sabrás en qué has fallado y conseguirás tu éxito.

Igual que te has enamorado y ha salido mal has seguido intentándolo, ¿por qué no haces lo mismo con tu proyecto y te arriesgas aunque fracases una y otra vez?. Que el miedo no te paralice.

”El miedo te debe proteger, no limitar”. (Elsa Punset)

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