Ya se acercan las esperadas fechas, para muchos la mejor época del año, y las tiendas comienzan su guerra particular. Ofertas, descuentos, 2×1… ¿Nos siguen resultando atractivas estas palabras para elegir una tienda u otra? A mi personalmente no.

El otro día comprando algunos regalos me dí cuenta que la gente suele a entrar más en aquellas tiendas donde te ofrecen ”algo más” que una simple palabra en el escaparate. Jack & Jones tenía una máquina de palomitas a la entrada. No os imagináis la de gente que había comprando palomitas y de ”paso” viendo ropa y aprovechando para comprar algo. Sin duda, una gran estrategia. Nunca suelo pasar a esa tienda así que mucho menos comprar algo pero ese día pasé y compré. Sí, piqué (¡encima no me gustan las palomitas!) y como yo muchas personas que hacían cola por un cartucho de palomitas con un montón de ropa en las manos.

Palomitas Jack & Jones #SnoopMarketing

También había un local donde vendían churros, gofres, chocolate caliente… Era una especie de mercadillo dónde además se vendía jamón y productos artesanos. Toda la calle olía a churros y chocolate caliente, caseros. ¿Puede haber un olor más navideño? Bueno, quizá sí, las castañas asadas. Las tiendas que estaban alrededor estaban hasta arriba de gente comprando como loca. Sin embargo, las otras tiendas más apartadas que sólo tenían algunos carteles en los escaparates estaban prácticamente vacías.

Pero no sólo es llamativo el olor externo a las tiendas, que sin duda repercuten en sus ventas, sino que hay locales que tienen su propio olor, y es a veces, tan fuerte que tapa incluso los demás olores. Zapaterías donde el olor de la piel y el color de sus algunos de sus zapatos te transportaba directamente al paraíso de los zapatos. He de reconocer, que los zapatos son mi perdición, pero también la de muchas personas, y como las tiendas son muy listas saben  muy bien como aprovecharlo, y lo hacen. Entramos, y compramos. Y ellas, triunfan. Una cadena de favores, yo te llevo al paraíso y tú me compras un trozo de ese paraíso.

Después de pasar toda una tarde paseando entre churros, castañas y colonias, el espíritu navideño se apoderó de mí y acabé comprando  como una posesa. Sobre todo, el olor que más enamora es el de las papelerías. Un libro nuevo, con una historia genial que contarte en la estantería esperando que lo compres. Es un olor tan peculiar que es el regalo estrella que nunca falta en Navidad.

Por no hablar de las luces por la calle, luces rojas, cálidas e íntimas en las tiendas, villancicos, algunos casi inaudibles pero que inconscientemente nos afectan y motivan. (Puedes leer más sobre cómo nos afecta el olor y el color en un artículo que escribí hace un tiempo aquí)

Las marcas están apostando muy fuerte por el marketing olfativo. Un olor agradable, y más en Navidad cuando los sentimientos y emociones están a flor de piel, junto con las luces en las calles, los adornos, árboles de navidad por cada esquina, regalos… nos invade creando un ambiente mágico que provoca que el consumidor se deje llevar.

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Castañas, chocolate caliente, churros, regalos, Navidad, ilusión… ¿Lo hueles?

Para mi la Navidad huele a roscón de reyes hecho por mi padre, las rosquillas de mi abuela, el asado de mi madre, los adornos del árbol que tenemos desde que éramos pequeños mi hermano y yo, y el olor de la ilusión de mi primo pequeño cuando desenvuelve sus regalos… ¿Y para ti, a que huele la Navidad?

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